Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

EL CHICO LA RUMBA

Se llamaba Eduardo Jaén Celfa, su nombre artístico era El Chico La Rumba, todo los que lo conocían, que eran muchos, le llamaban El Chico, para mi padre siempre fue El Gordo. El, a mi padre le dijo siempre Niño.
El Chico nació en Triana, en la calle Pureza en 1918. No conozco detalles de su infancia ni de su biografía, pero por lo que me han contado y retazos de su vida que el mismo me relató supongo que tuvo que ser apasionante. Murió con ochenta años dejando un recuerdo de buena persona y de señorío muy difícil de olvidar.
En 1936 tenía dieciocho años, por lo tanto me imagino que sufrió y participó en la Guerra Civil. Después se dedicó a sus dos pasiones: el mundo de los toros y el flamenco. Fue cantaor y bailaor, hasta creo que llegó a ser “boy” con el cuadro flamenco de Lola Flores, de ahí puede que le viniera el apodo de “Chico La Rumba”, pues la rumba flamenca era el baile que dominaba. Su porte aristocrático, su buena educación, su saber estar, su discreción, su gracia natural y su simpatía natural, le ayudaron mucho. En la cerrada sociedad sevillana el Chico se desenvolvía como pez en el agua. Organizaba fiestas, intermediaba tratos difíciles, hacía favores, llevaba la mejor caseta de la Feria, guardaba secretos, estaba siempre donde tenía que estar y se hacía respetar.
El Chico conocía a todos los toreros, ganaderos y empresarios pues su otra gran pasión eran los toros. Desde joven estuvo siempre muy vinculado a mi familia. Se ganó la confianza y el respeto de la tía Concha (Concepción de La Concha y Sierra), y era un habitual en la casa de la calle O,Donell -tristemente derribada por la piqueta, ahora es el pasaje que une O,Donell con San Eloy, y solo quedan algunas columnas del patio a la vista- donde se le podía  ver despachando con doña Concha asuntos de toros y de cosechas.
Cuando mi tío Joaquín empezó a rejonear se hizo su mozo de espadas y lo acompaño a todos partes, incluso llegó a vivir temporadas en la Abundancia. También fue mozo de espadas y hombre de confianza de mi tío Juan de Dios. No había una celebración en la Abundancia o en La Alegría en la que el Chico no organizara una fiesta y estuvieran los mejores artistas del momento, pero además siempre se traía a El Gringo, a El Cojo Peroche, a La Simona, el Jhony, Silvestre, etc. Yo recuerdo algunas momentos surrealista, donde se mezclaban estos “loquitos” con Gobernadores Civiles, Generales, sacerdotes, políticos, nunca se sabía como podía terminar el invento…
El chico era doce años mayor que mi padre. Como mi padre era un apasionado de la escopeta, de las cacerías y sobre todo del Tiro de Pichón, tenía que viajar por toda España. Me imagino que ese sería el motivo por el que mi abuelo o mi tía Concha dispusiera que empezara a acompañar a mi padre. Hicieron muy buenas migas desde el principio.
Yo recuerdo, y me lo confirma mi madre, que el Chico estaba siempre pendiente de mi padre, en nuestra casa de Eduardo Dato entraba y salía como uno más. Cuando íbamos los fines de semana al Carambolo, siempre parábamos a recogerlo en su casa de Juan Diaz de Solis, donde vivía con el amor de su vida, su esposa Joaquina y su hijo Cesar. Yo subía muchas veces a darle un beso a Joaquina, una mujer guapísima y una verdadera señora.
El fue testigo de mis primeros tiros en el campo y en el Tiro de Pichón. Me enseño a recargar cartuchos, recogíamos las vainas usadas en el Tiro y los recargabamos en mi casa para después tirar zorzales. Cuando íbamos de cacería se sentaba siempre en el asiento de delante (no tenía coche y no sabía conducir), cuando pasabamos por algún pueblo siempre paraban a algún vecino y el Gordo se entretenía en contarle una historia de un tal don José que vendría preguntando por él, pero si usted lo ve, le dice que yo no he llegado, que usted no me ha visto, todo esto lo decía con una seriedad importante, y al final preguntaba “¿estamos de acuerdo?” el otro respondía si, si, bueno pues no se mueva usted de aquí hasta que pase don José. Mi padre arrancaba y se iban sin hacer ningún comentario al respecto. Yo me callaba y no preguntaba nada, por si las moscas.
Empezó a viajar con mi padre a todos los Tiros de España, junto a Joaquín Zapata (otro personaje inolvidable). Se ocupaba de todos los detalles, llevaba las cuentas, jugaban al dominó formando pareja, y como conocía perfectamente la forma de tirar de mi padre, se sacaba sus buenas perras en el corro de las apuestas. Muchas veces era él quien llamaba a mi madre por la noche para contarle como iban las cosas, si había hecho “cero” o estaba “limpio”, que le iba a mandar un giro, etc.
El Chico empezó a “traficar” con jamones y cañas de lomo. Recuerdo el maletero del Milquinientos o del Fiat de mi padre, lleno de jamones, paletas, cañas, chacinas, las escopetas, la guitarra… y las maletas en el asiento de atrás. Los compraba sin curar en mataderos de la sierra de Huelva y los vendía ya curados por todos los Tiros de Pichón de España. Cuando yo tuve coche lo llevé varias veces a Cortegana a recoger material; durante las dos horas que se tardaba entonces no paraba de hablar y de contarme cosas de mi familia, anécdotas e historias de toreros antiguos.
Una vez le oí a mi padre contar una anécdota del Gordo. Uno de las tiradas puntuables era Tanger, donde mi padre, por ir todos los años, tenía buenos amigos. Murió, creo, el padre de uno de ellos, y mi padre decidió que tenia que ir a dar el pésame. Por supuesto se fue con el Chico. Salieron el día antes porque el funeral era por la mañana temprano. Creo que la noche en Tanger fue larga y al Gordo se le fue la mano con el vino. A la hora del funeral, que estaba abarrotado, mi padre le dijo “mira Gordo, ahora vamos a darle el pésame, tu te pones detrás de mi y yo le daré la mano y una cabezada, seguimos y nos vamos ligeritos…” Se pusieron en la fila con cara de circunstancia, cuando le llegó el turno a mi padre, dio el pésame a su amigo y a la viuda y se retiró. De pronto oyó al Gordo suspirando varias veces, se volvió y lo vio con los brazos abiertos, mirando fijamente a la viuda, y le dijo muy serio “ ¡no se preocupe usted señora, que ya esta descansando en los brazos de Onofre…!”


http://hemeroteca.abcdesevilla.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1998/06/17/110.html

4 comentarios:

  1. Celso, te voy a contar un par de anécdotas que yo recuerdo del Chico. Hará unos quince años, recién fallecido papá, me lo encuentro por Triana (por aquel entonces creo que vivía en la calle Evangelista). Yo iba con Enrique, y se da la circunstancia de que pocos días antes había muerto un familiar suyo -me parece que un hermano-. Como no fuí al entierro, aprobeché para darle el pésame. Protocolariamente le pregunté que cuando se había enterrado el finado, y muy serio me contesta: "no sa enterrao porque había dejao dicho que lo metieran en el horno". La otra anécdota que recuerdo fue en la carnicería del "cortinglés". Yo iba con mamá, y al llegar lo vimos muy paciente esperando su turno. Nos saludó cariñosísimo -sobre todo lógicamente a mamá- y nos dice: "he venido hasta aquí (como si aquello fuera el fin del mundo) a comprá cola de toro. Si la hay, bien, y si no, cojo un coche de arquilé (o sea un taxi) y ya estoy yo en la calle Evangelista". Besos. Concha

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  2. Esta llamada era diaria en mi casa, a veces dos o tres veces:
    Voz de uno de nosotros siete.. ..diga?..respuesta..-Niño-....el teléfono en la mesa y....papaaaaa, el chico..

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  3. Magnifica, Celso, tu semblanza del Chico La Rumba. Gracias a ti he sabido el origen del apodo. La ultima vez que lo vi fue en el entierro de don Antonio González Nicolás, el confidente e inspirador de Romero Murube, honradísimo alto funcionatio municipal. Fue en la iglesia de San Bernardo. Estábamos El Potra, El Chico La Rumba y servidor. Y pasó un tío vendiendo naranjas guachintonas, cuyo pregòn se oyó desde dentro de la iglesia. El ChicoLa Rumba sentenció: "Este es el mejor gorigori que se le puede decir a Don Antonio, que yo sé que le gustaban mucho las naranjas guachintonas..."
    Sigue con estos personajes de Sevilla, Celso, por favor, sigue, que los evocas como nadie...- EL PACIENTE DE SIEMPRE

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  4. Gracias amigo Paciente. Me acabas de recordar una anécdota de El Potra, operado e ingresado en la UCI de Clínica Santa Isabel, estando yo de guardia. Increible. Lo tengo que contar.

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