Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

EL ROMPIDO

Tiene una luz especial porque al sol le gustan los sitios bonitos y a este le manda sus mejores rayos.

Cuando empieza a vislumbrarse claridad por levante y al poco empieza a asomarse la bola naranja por encima de Punta Umbría, mi ría se sonroja de vergüenza por ser tan bonita y en las dunas de la otra banda, donde todavía esta fresca la arena clara, se reflejan los primeros diamantes de luz, millones de granos de la más fina arena, un tesoro inagotable que solo sabemos verlo unos cuantos.

El agua adormilada comienza a despertar y se va vistiendo de colores a la par que el cielo se ilumina. El fresco viento del norte se va aplacando dejando la ria perfumada de aromas de pinos y eucaliptos.

Después, cuando se va calentando la orilla y los barriletes se desperezan enseñando sus armas, asoman las gusanas sus bigotes por las cerraduras y los longuerones desenvainan sus falos carnosos. Un correlimos agujerea el fango con precisión de cirujano, el charran corretea dibujando un acertijo y empiezan las gaviotas a chillar pidiendo comida.

Sobre las faldas de las dunas recién peinadas van arañando las curianas un perfecto rail hasta las matas de verde jara. Una culebra pasa indolente y silenciosa y se enrosca en la solana para atrapar energía. Los gazapos se aventuran con miedo a salir de las madrigueras y roen sus primeras raíces del día. No muy lejos los primeros runrunes de los motores de los pesqueros buscando la boca de la barra rompen el silencio natural de la desembocadura del Rio Piedra.

Ya a lo lejos los pájaros se tiran de cabeza buscando hilos de plata y hacen hervir el agua fresca. En los bajos transparentes se pasean los robalos, las bailas amontonadas como siempre rebullen de alegría, los chocos se molestan de tanta algarabía y se marchan enfadados cambiando de color.

Se va calentando el agua y la corriente ordena el fondo fangoso poniendo a cada uno en su sitio, las mojarras, las herreras, los sargos y las doradas buscando cangrejillos y gusanos, alguna solitaria corvina con ganas de pelea, barbea el fondo y traga crustáceos, un pejesapo feo como un rano abre una enorme boca y traga sin cuidado lo que le echen, un lenguado aplastado se despega del fondo y se escurre la arena dorada, el aguamala borbotea transparente, contra corriente… empieza a subir la marea llenando los caños de vida y la marisma de alegría.

Ya esta el sol más alto y la arena fina reluce orgullosa. Bajo los pinos corre una brisa especial, la de las mañanas, la que trae el fresco viento del suroeste, aire de la mar, aire salado y marinero, el que sabe y le gusta empujar los grandes trapos de los antiguos velachos, de aquellas velas latinas y cangrejas que todavía veo voltejear y trasluchar en mi memoria de niño boquiabierto, remontando el río hasta llegar a El Rompido bien cargados con la pesca de varios días de faena.

Ahora salen los barcos de arrastre enturbiando el fondo arenoso, las gaviotas compañeras oportunistas rastrean los despojos de las redes y se pelean como corraleras. Ya están calando trasmallos desde los botes mis amigos de la infancia. A esta hora mi padre tenía la pesca hecha, y volvía tan tranquilo a recogernos para el baño.

Al mediodía el sol calienta tanto que no se puede andar descalzo, la arena quema las plantas de los pies. Nos gusta cruzar la barra sorteando matas de abulagas y jarales hasta la orilla del mar para bañarnos en libertad, salvajes entre olas amigas que nos saludan año tras año con sus mejores caricias. Hasta las conchenas parecen alegrarse al vernos llegar. El agua fresca es un bálsamo para las mentes. Mi delirio es pasear horas y horas mojandome los pies y bañarme una y mil veces desnudo, tan tranquilo, tan relajado.

Ya esta saltando el poniente, se calentó la tierra y una térmica hace que sople con fuerza el viento foreño encrespando la superficie del agua, que se agita como loca salpicando a los navegantes.

En la hora de la siesta el sol se aploma en lo alto y duele la vista. Cruzando la carretera, en los cabezos donde antes había almendros e higueras, se desgañitan las chicharras con ese zumbido elitroso que llega desde todos los pinos de la forestal, donde las marabujas se tuestan y adornan los carriles polvorientos. Los pájaros se posan a la sombra de las más apretadas ramas. Un lagarto verde y grande se asoma por debajo de una lasca y se vuelve a esconder asustado.

Con el cambio de la marea se empieza a echar el viento y la tarde recupera su armonía de colores y sonidos. Suena al agua al desaguar tantos caños, al rozar las proas de los barcos fondeados, al lamer las riveras que se van quedando húmedas y blandas, al abandonar las playas de ensueño y mostrarnos de nuevo los bajos relucientes. La resaca de las olas empuja la espuma hacia lo hondo.

Al atardecer va amainando el viento hasta aplacarse y se queda la ria como un espejo plateado donde se refleja la antigua Almadraba atunera. El agua se templa de paz y se calla, solo se oye un rumor de cangrejos en la orilla deshollinando sus agujeros. La luz se va imponiendo como protagonista del día, esta es mi hora, parece decir y me manifiesto como quiero. Aquí alumbro en naranja, allí en rojo, esa nube la pinto corinto y aquella blanca y celeste.

Vuelven las aves acuáticas a correr por las orillas metiendo los zancos en el nutritivo barro. Las lisas se asoman sacando los morros para ver atardecer. Los patos vuelan en colleras y, muy alto muy alto formando una uve vuelan las espátulas camino del cielo.

Da gusto mirar a mi ria a la caída de la tarde cuando esta bajando la marea. Huele a salitre, a ostiones, a fango negro, a pescado seco colgando de los obenques de los pesqueros, huele a madera gastada, a veces a brea y otras veces a algas secas. Un marinero rema pausadamente sin mover el agua casi, con el milagro de los remos los toletes y los estrobos de cuerda.

El sol no se quiere ir, pero se va dejando caer lentamente allá por detrás de El Terrón. Es tan presumido este sol de por la tarde que le gusta que lo miren y nos deja mirarlo cara a cara. Se tiñe de colores el poniente y parece que suena una música que brota del agua cuando se esconde tan redondo dejándonos perplejos. Entonces empiezan a piar todos los gorriones escondidos en los árboles, parece que se den explicaciones de todo lo que han hecho durante el día.

Al anochecer se entristece de gris el agua por arriba, pero se llena de vida y movimiento por los adentros. Viene de nuevo otra marea, ahora más callada y tímida. Se enciende el faro automático y las farolas alumbran las calles, abren sus fauces los bares y el pueblo huele a pescado frito mientras los niños juegan en el paseo y montan en bicicletas.

La noche oculta los colores, pero yo desde mi cama sigo viendo en tecnicolor mi arena blanca y la retama verde, sigo paseando por la arena mojada marrón, hundiendome en las aguas azules y bañado por espumas blancas bajo un cielo azul marino. Así me quedo dormido.

Es el único sitio del mundo donde yo siento que formo parte natural de el, como una concha desgastada y rota, como una junco de cualquier caño fangoso, como un puñado de arena fina, como un buche de agua salada… por eso tengo dicho que cuando muera quiero seguir formando parte de esta tierra y de esta agua que tanto me ha dado, donde soy tan feliz.

El Rompido 29 de mayo de 2011.

19 comentarios:

  1. MªPaz Ramírez29/5/11 18:55

    Qué bonito Celso..
    "Y cuando el sol ilumina todo el azul de El Rompido..."
    Desde luego pocos sitios como este, tenemos muchísima suerte. Podría ser esta otra de tus definiciones de felicidad no? ;)
    Besos familia

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  2. ¡¡ooooleeeeee¡¡¡¡RP

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  3. Y ESTOY LLORANDO.-Porque escribes de arte, porque sabes porque sientes porque lo vives como hay que vivirlo, y porque me llega.
    Que bien sé de lo que hablas hermano, y tan bonito que me has hecho llorar.
    Al final del paseo, al lado de casa y de cara al muelle, al atardecer me siento en el murito y miro a la marisma de siempre que sigue sola callada y tranquila. Veo muchas cosas, no tengo que hacer esfuerzos, se me presentan solas sin yo quererlo.
    Os veo a Jose y a tí con los amigos pescando cangrejas en los cañitos marismeños, nos veo a todos nosotros de vuelta del baño los cuerpos negros y blancos de sal, papá atracando el pesquerito con su remolque de cuerda y patera, jamás acercó el barco a la orilla, ni equivocó un viento o una marea, sabía lo que hacía porque con su pericia natural también se hizo marinero, sin hablar sin proclamarlo, pero sabía del arte de la mar.
    Conocíamos, sobre todo papá y Fernando, a los barco de El Rompido, incluso por el ruido de sus motores, "El mañanita", barco de la estirpe "Calentura", "El Natalia" del Chicha, "El abuelo Pichín", Fernando sabe de quién, "El Almirante Estrada", de Manolito el Portugués, con su vela cangreja o a remos casi sin rozar el agua, José Catalina, no se podía separar de la bajamar más de los dos metros que había hasta su misma casa, el barco de Antonio Aguilar, de Los Campoy, una barca que compró Vicente Roselló, las de los catalanes, amigos desde la infancia y ya familia.
    Este ha sido a grande rasgos el puerto de siempre de mi Rompido, no porque sea mío que lo es, sino porque yo soy de el, y como vivo en Cartaya, al ladito, cuando sopla el viento claro del suroeste, entran por las ventanas de mi casa, el olor de salitre de fango de marea y de bajamar, y la Gracia de Dios.
    Lourdes Pareja-Obregón.-

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  4. Maravilloso no sólo el paisaje,sino el sentir!!!

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  5. Perdón por no haber firmado

    Victoria Bosch

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  6. ALEGRÍA DE ESPUMA BLANCA
    DEL RASTRO DE MI PESQUERO,
    EL MOTOR CALIENTE BRAMA
    BAJO EL TAMBUCHO MARINERO.
    ÉCHALE AGUA JOSE Y
    PONLO EN PUNTO MEDIANERO,
    QUE ESTAMOS LLEGANDO A LA PUNTA.
    YO PIENSO QUE LLEGO AL CIELO,
    DESDE QUE MURIÓ MI PADRE
    NO HE VUELTO A SENTIR AQUELLO.......
    LOURDES.-

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  7. REPITO CELSO: ¡¡¡¡ooooooleeeeeeeee¡¡¡
    (me has dejado sin palabras) RP.

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  8. Por supuesto MªPaz esta es una perfecta definición de mi Felicidad: estar en El Rompido con toda mi familia, relajado, paseo en barco al caer la tarde con baño en la punta de la barra, regresar muy despacito viendo lo que hay que ver por poniente, bañarme otra vez después de dejar mi bote en el amarraillo, irme andando sin prisas por la orilla hasta casa... ver la cara de mi hija Ana y de mi nieta Celsa...

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  9. Celso, vengo llegando del Rompido. Hemos estado juntos todo el fin de semana, Tú y Mª José, tus hijos, tu nieta (preciosa), Jose Mª y Blanca, Lolo, Enrique y yo, mis hijos, mi nieta y mamá (vaya ratito "gueno" el sábado a mediodía). Seguro que os he despertado a todos por la mañana tenpranito, porque -cómo papá- yo no me levanto tarde, y encima me creo que los demás tienen a esa hora tanta vitalidad como yo. A mí me gusta sentarme a ver la ría por la noche. Tiene una calma especial. A esa hora no hay ruido de motores, ni bañistas, ni gabiotas comiendo. A esa hora (de las once de la noche en adelante) sólo hay en la ría Paz. Como tú muy bien dices, la marea sube cómo queriendo pasar indavertida, y tan sólo se puede ver algún barco pesquero que sale a faenar muy silencioso, con sus dos pequeñas luces rojas y verdes encendidas, dejando, junto con la luna si la hay, unos destellos de arco iris en medio de la oscuridad. Me gusta el olor a marisma, a salitre, a fango limpio, a madera antigua, a brea y a bajamar. Esos son mis olores y colores, los de todos nosotros, estoy segura de eso, y ya se pueden poner como se pongan todas las "marbellas, sotograndes y puertos banús del universo" (con todos mis respetos y admiración para todos estos sitios), que yo no cambio lo mío por lo demás. Besos familia.

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  10. Ah, y mi hermano Fernando y su mujer, Marta. ¡Felicidades Fernando!, que hoy es tu santo. Muchos besos.

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  11. OLEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!! MAPUNTO A OTRO OLEEEEEEEEEEEEE!!!! ESTE ES NUESTRO ROMPIDO!!!
    C.S.

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  12. Este es el trece. Voy al otro. Concha.

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  13. Con tu permiso Celso, me gustaría contar una anécdota. Hace ya bastantes años, cuando mis niños eran pequeños, veníamos un día en el "Merchi" de bañarnos en la punta de la barra, mi padre, algunos de mis hermanos, Enrique y yo con los niños. Cuando estábamos a punto de entrar en la ría, de repente mi padre se pone de pié muy serio, mirando hacia el horizonte, y nos dice: "allí hay pescado". Le contesta Enrique (también buen pescador): "pero Celso, no hay ni un pájaro, ni se mueve el agua" -refiriéndose al sitio donde mi padre señalaba-, y él con las mismas: "allí hay pescado". Era ya la hora de comer, pero el enfiló el motor a todo lo que daba, parándolo un poquito antes de llegar al sitio señalado. Allí no se veía nada. Sacaron las cañas y se "jartaron" de pescar robalos y bailas. Todavía hoy nos preguntamos cómo supo que el pescado estaba allí. Enrique es testigo de lo que cuento.

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  14. Perdón por entrar otra vez, pero creo que debo recordar a tio Manolo con su chistera puesta, pescando también de maravilla. Mi padre llevaba una gorra marinera, pero tio Manolo llevaba una chistera para pescar. Tio Juan tenía un barco que se llamaba "Delia bonita", y navegaba también estupendamente. Yo he visto a ellos tres pescar corbinas de treinta kilos de peso con cañas. Y no una ni dos, sino muchas. Mis hermanos y primos lo saben.

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  15. de ellos hemos heredado ese tan especial arte de la pesca, unos escriben, otros componen, algunos hacen música,otros torean...... y los que no estamos tocado por la varita mágica de saber cantar (y no lo digo por mí, que soy la que más alto canta) jajajajaj, al menos nos ha quedado el gusanillo de la pesca. c.s.

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  16. Hablando de corvinas, mi padre escribió:
    "Caño de la Culata,
    Agua del Pino,
    se divisa mi barca desde el camino.
    De madrugada, se bañan las corvinas en agua clara."
    No os pongo todo porque es largo pero describe al Rompido tan bonito como lo siente Celso y nosotros. RP

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  17. Precioso, entrañable, aunténtico, Celso.
    ¡Viva El Rompido y la Virgen del Carmen!

    Un abrazo a todos.

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