Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Las Almas de Fuego.



Desde que tengo uso de razón he convivido con “armas de fuego” en mi casa. Escopetas de todos los calibres y rifles varios forman parte de mi paisaje domestico tan igual como una lámpara, una cortina o un cuadro.

Las escopetas estaban presentes en mi casa como presente estaba el reloj de pared en medio del pasillo, el espejo grande de la puerta principal o las copas de plata en el salón.

En la mesilla de noche de mi padre siempre supe que dormían dos pequeñas pistolas con sus fundas de cuero brillante: Una Astra plateada, de 9 mm y una preciosa FN Browning, creo que del 20, con sus peines vacíos de munición, que eran una tentación montarlos y desmontarlos. Las balas rodaban por el cajón y se mezclaban con llaves sueltas, con relojes parados y con novelas de Silver Kane. A veces yo sacaba las pistolas de las fundas y las sopesaba en mis manos y me miraba al espejo con el arma en la mano como si fuera un agente secreto.

Jose María mi hermano y yo jugábamos a los combois con un rifle Winchester 1892 corto autentico, -el que sacaba John Wayne en las películas del oeste- que pesaba mas que nosotros mismos pero que manejábamos con soltura y recargábamos a velocidad de vértigo abriendo y cerrando el guardagatillos.

Desde muy niño empecé a pegar tiros en el campo con una escopetilla del 12 milímetros (no tuve nunca escopeta de plomillos) con la que tiraba a las terreras y a los conejos. Aprendí a tirar y a amar las escopetas, siendo “perro” cobrador de mi padre durante muchos años y no creo que nadie haya disfrutado tanto como yo en esos amaneceres y atardeceres en libertad, viendo el milagro de los tiros certeros e imposibles y de los pájaros (zorzales, tórtolas, palomas…) cayendo desde las nubes dando vueltas hasta pegar un sonoro pelotazo alrededor del puesto.

 El aroma del campo impregnado de olor a pólvora lo llevo en mis entrañas. El tronar de los tiros llegó a suponer un sonido familiar para mis oídos (hoy sordos, por supuesto). Recoger lo cobrado en la cacería, casi sin luz, era una obligación ineludible. La vuelta a casa adormilado después de estar corriendo toda la tarde detrás de los zorzales alicortados era una bendición de Dios.

Con el tiempo el que disparaba con mas o menos suerte fui yo. Primero con el calibre 20 y luego con el 12. Nunca he usado –como es lógico- una arma de fuego para algo distinto de la cacería o del Tiro de Pichón. No niego que cuando me he quedado a dormir solo en el campo o en la playa no haya puesto la escopeta a la cabecera de la cama con los cartuchos a mano, pero creo que ha sido por mis miedos y para darme un valor ficticio, que por tener la intención de defenderme con ella.

He recargado miles de cartuchos, he limpiado cientos de veces las escopetas junto a mi padre, para después guardarlas ceremoniosamente en sus fundas y dejarlas reposando en sus armeros. De hecho mis escopetas duermen desde hace años el sueño plácido de la paz silenciosa en sus fundas sin ser molestadas.

Las normas imprescindibles y obligadas, desde que tengo consciencia de manejar armas son:

  • -       Nunca jamás apuntar a nadie con un arma, aunque este abierta o descargada.
  • -  Antes de guardarla, mirar bien que estén descargadas. Lo primero al sacarlas de la funda, abrir las armas y comprobar que están descargadas.
  • -       Las armas las carga el diablo.


Esa frase le he oído miles de veces: “las armas las carga el diablo”… y me consta que es absolutamente cierto, pero con una pequeña modificación. Me explico:

Tengo claro que cuando escucho o leo alguna noticia de asesinatos de ajustes de cuentas, de violencias sexuales o de crímenes realizados con armas de fuego, me acuerdo de esa frase… “las escopetas las carga el diablo…”

Siempre hay alguna persona que opina: “si no hubiera tenido una escopeta en casa….”, como si la culpa del crimen fuera de la escopeta, del rifle o de la pistola… Entonces contesto siempre lo mismo: “Las almas las carga el diablo… el hombre carga las armas…”

Cuando una persona esta llena de odio, de celos, de codicia, de avaricia… el diablo se aprovecha y le carga el alma con munición destructora e instinto asesino: El “alma cargada” es la que empuña la escopeta o la pistola y la carga con munición y con intención… el “alma cargada”  es la que abre el cajón de la cocina y convierte el inocente cuchillo de pelar patatas en un arma mortífera y desangradora… un “alma cargada” convierte un simple cordón de zapatos en un arma asesina.

Han sido “las almas de fuego”, las “almas cargadas” por el diablo, las causantes de tantas y tantas muertes, de tantas guerras, de atentados terroristas, de genocidios, de crímenes contra la Humanidad…

Mantengamos nuestras almas descargadas durante toda nuestra vida.

Ojalá…




12 comentarios:

  1. Bonito alegato en nombre de la PAZ y la CONCORDIA, tan bien aderezado con tu espiritu campero.
    Saludos

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  2. Ésas son las verdaderas armas mortíferas, las almas de fuego.
    Un arma de fuego en manos de una persona de bien, es un simple trasto, un adorno, un objeto de coleccionista al que le saca brillo de vez en cuando y vuelve a dejar en la vitrina para que reluzca.
    Un alma de fuego puede matar con las palabras, con los comentarios, gestos, desprecios, una mirada (siempre se ha dicho "asesina"), humillaciones, a ésa alma de fuego casi no le hace falta un arma, la suya la lleva en el alma, de fuego.-

    No puedo evitar seguirte....
    Yo.-

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  3. No sé porqué no puedo comprender la caza. Hago esfuerzos, pienso que las piezas abatidas sirven de sustento a alguien, o que en una fiesta campera, alegran a las personas que las disfrutan con un buen vino, o bien son enviadas a cadenas de alimentación, incluso pueden llegar a adornar como trofeos magníficos algunas casas, todo éso me parece bien, estético, festivo, alegre y sano.
    El olor del campo por la mañana dispuesto al despertar, las piezas cobradas, la polvora. Miguel Delibes gran escritor, aficionado apasionado y mejor persona, lo describe fantásticamente.
    Nunca he ido de caza, por muchos motivos. Nunca me han invitado pero aunque lo hicieran no podría ir, de ninguna manera, y por una razón muy tonta, no soporto los ruidos fuertes, los tiros, los estrépitos, los cohetes las tracas, no sé porqué me pasa ésto desde siempre, alguna explicación debe tener, pero no puedo, creo que es una fobia y con ésta explicación me quedo tan fresca, porque no me importa nada tenerla, no me incapacita ni me perjudica, simplemente no voy de caza y salgo a correr cuando en los días festivos tiran cohetes de colores y ya está.
    Pero al margen de la cuestión del ruido, no me gusta ver matar a perdices felices, patos reales, conejos y liebres veloces, prolíficos, menos aún jabalíes listos y ciervos que tienen mirada..No digo que esté mal, digo que yo no podría, me volvería a casa con los oidos tapados por lo de la fobia y los ojos llenos de llanto por la pena....Si mi padre me leyera, me diría barbaridades..o simplemente que soy tonta, y tendría razón.-

    Lourdes P-Obregón.-

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  4. yo tampoco me siento ya "cazador"... ahora soy mas observador.

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    1. Eso está bien. El que observa mira, puede que disfrute y ahí se queda todo, o bien saca conclusiones precisas, y en tu caso seguro que nobles y acertadas. El que caza compite, abate a sus presas y se las cuelga en el cinto o las transporta en carruaje ensangrentado con orgullo de ganador.
      Suena a metafora ¿verdad?.
      Lo vuelvo a repetir, mi padre me diría barbaridades, él (y lo digo con orgullo incongruente),éra una de las dos mejores escopetas de España, Teba y él, él y Teba. De éso hemos vivido toda la familia, ése ha sido nuestro sustento, el tiro de pichón por todas las canchas del mundo, incansable, ganador, la caza, el arte de la puntería y la sabiduría que tenía propia de los que de verdad conocen el campo, de los que lo respetan, de los que no pisan una mata en flor, escogen el sitio perfecto o el tiro es tan certero que el animal no se da ni cuenta, con sus viejos pantalones de pana y sus viejos amigos de la infancia, o con quién fuera...., pero siempre ensimismado en el campo, siempre con oficio, ya fuera Teba o su querido Lucas. ¿Te acuerdas Celso?, cada vez que pasaba por casa en su ruta del 17, tocaba la bocina y papá decía bajito..Lucaaaa.
      Un beso al mejor cazador, y al mejor observador, mi padre al que quiero con toda mi alma, con todas sus cacerías y todas sus observaciones.
      Tu hija Lourdes.-



































































































































































      Tu hija Lourdes.-

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    2. Ojú, no se que ha pasado..

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  5. Celso, cada día te explicas mejor. Recuerdo con cariño, las tardes de los sábados en EL CARAMBOLO oyendo tiros tras tiros,pro nunca me gustaron las armas, lo que si me gustaron y enseñaron eran las almas que allí estaban y tuvimos la suerte, de convivir con ellos.
    Un beso.
    Jóse

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    1. ¡Que bien lo pasabamos allí...! ¿Te acuerdas de la niña cordobesa rubia?

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  6. Jóse Blanco27/1/12 13:42

    Cuantas noches de "malos sueños" con la puñetera niña.

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  7. NUNCA CORDURA, TRSTEMENTE ENFERMEDAD CON MÁS O MENOS GRAVEDAD.-
    LONDRES.-

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