Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Tesoros perdidos.


Mis tesoros perdidos: Cosas que echo de menos. Son objetos a los que les tenía y les tengo "cariño" y de los cuales guardo un recuerdo especial. Muchas veces los añoro y me gustaría volver a verlos y disfrutar de ellos. Deberían estar conmigo.

A saber:

Un álbum de “cromos” o estampas -como postales pequeñas- de coches americanos, en colores y casi completo, con fotos de Buicks, Oldsmoviles, Dodges, Chryslers, etc.  Desde entonces siento fascinación por los coches americanos de los primeros años sesenta, creo que todos son unas verdaderas Obras de Arte. Me acuerdo mucho de ese álbum. Ha sido el único que intenté terminar. Creo que cuando me casé lo dejé en mi casa… debería haberlo llevado conmigo y guardarlo.

                                       Buick de 1960

Mi buró marrón con su tapa con llave y sus cajoneras, donde se ubicaba mi “laboratorio” de Alquimia con productos químicos como el azufre, los nitratos, los ácidos sulfúrico, nítrico y clorhídrico, el permanganato potásico… productos que disfrutaba comprando en las mas raras droguerías que encontraba por todos los barrios de Sevilla. Añoro mis tubos de ensayo, las retortas y redomas, pipetas, lámparas de alcohol, el pequeño alambique… toda una vida de Ciencia para un chaval de catorce años… Transmuté varias llaves de los roperos de mi casa que eran de fierro y las abigarré de una grotesca capa verduzca de sulfato de cobre. Creo recordar que después de varios intentos de fabricar pólvora expansiva y quemar casi todos los visillos de mi casa me vi obligado a clausurar el Laboratorio, no sin grandes protestas por mi parte. Pero mi tata y mi madre no cedieron un ápice y me amenazaron con llamar a Manolo el portero para que se llevara el buró completo al cuarto trastero…

                                     Así empezó todo

En ese buró guardaba también como oro en paño una colección de paquetes de tabaco. Eran cajetillas vacías, en muy buen estado, tanto de papel como de cartón duro. Lo mas importante para mi de la colección eran las cajetillas que mi padre me traía de los Tiros de Pichón de toda España adonde acudían muchos extranjeros que fumaban tabacos raros: Kent, John Player Special, Virginia, Cool mentolado, Lark, etc… Tenía casi todos los peninsulares y muchos americanos, franceses, belgas, marroquíes, etc… Una verdadera pena no haberla conservado.

                                   Estos los tenía todos

Un rifle Winchester 1850, autentico, que mi padre tenía olvidado en un armero y con el que jugábamos a los combois mi hermano Jose y yo. Era el clásico rifle de John Wayne, el que se abre por debajo y se carga por el lateral. Aunque le dije varias veces a mi padre que me gustaría tenerlo siempre para mi, un día desapareció del armero… Pienso que se lo regalaría a algún amigo que lo conservará como lo que es… una joya. Si alguno de ustedes lo conserva por favor me lo devuelva…

                                      Tal como este

La colección completa de novelas de El Coyote, de J. Malloquí, primera edición, en formato grande, con ilustraciones, regalo de mi tio Pepe López-Pazo. Estuvo muchos años en una librería de mi dormitorio y las devorábamos por la noche Josemaria y yo. Me dormía soñando que yo era don Cesar de Echague…

                                       Una joya de novela

Unos timbales o bongos que me llevé impunemente, por la cara, de la oficina del Taller de Frenos (Frenos Celvi, c/Goya 21) de mi padre, bongos que habían dejado allí Los Marismeños, pues los viernes y sábados organizaban saraos en tan mecánico lugar… Los timbales o bongos eran una maravilla con maderas atrapadas por palometas y metales… pero se los regalé a un compañero de Alfonso X El Sabio que era aficionado a la música, eufórico yo, cuando mi padre me sacó del internado. ¿Fui gilipoyas?

                                         Casi iguales

Mi colección de discos de vinilo, sobre todo singles, que en un alarde de generosidad le regalé a mi vecina Pilar Villalonga, la hermana mayor de mi amigo Diego. En esa colección tenía unos incunables de Camilo VI (Sesto), que me regalaba mi tata todas las Navidades convencida de que era mi “artista preferido”…

                               Cantaba bien el friki este...

Por supuesto mi Vespino color azul azafata del año 1972, el que mi padre me regaló con tanto cariño y yo lo abandone triste y olvidado con un mísero candadito de mierda al final de la calle Asunción durante dos días de Feria de Sevilla… y me lo robaron, claro. Lo disfrute de enero a abril. Guardo como oro en paño un pedal que se le cayó. Todavía me da vergüenza lo irresponsable que era entonces…

                                        ¡Que lastima!

¡A lo mejor por eso mi padre no me dejó el rifle…!

PD. Pero tengo que contaros los maravillosos tesoros que conservo de mi infancia y de mi juventud… no todo han sido perdidas….

18 comentarios:

  1. Celso, me encanta esta página. Me gustan muchísimo todas las páginas del blog que hablan de nuestra infancia y juventud. Por eso también te hablaré de los tesoros que yo poseía. Casi todos eran compartidos con Lourdes, mi hermana gemela, los cuales eran la admiración de Pilar, cinco años más pequeña que nosotras. Mi diario sí era personal mio, y recuerdo que era de piel rojo con un candadito, fué un regalo maravilloso para mí. Nuestra colección de libros de "los siete secretos" o "los cinco", de un autor inglés que no recuerdo su nombre. Los discos de vinilo -casi todos singel-, de Massiel (la, la, la), Raphel (yo soy aquél), Los brabos (black is black), Los Brincos (bailando con Lola), Los tres Sudamericanos (Volando a Mallorca), Emilio el Moro ("mira raquel"), Janett (yo soy rebelde), Mari Trini (yo no soy esa) y por supuesto Los Beattles. Mi primera novela fue: "La vida sale al encuentro" de J.L. Martin Vigil, me encantó. Después leí "Rebeca", que me llevó inmediatamente a ver la pelicula y a aficionarme aún más al cine. También me gustaba la ropa y maquillarme, y recuerdo mis primeros "amores" con una gran ternura. Concha.

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  2. Los míos:
    No coleccionaba cromos de coches americanos de los 60 pero me gustaba verlos y sacarles fotos en la calle Asunción, en las proximidades del Sloppy Joes.
    El Buro donde estudie toda mi vida incluyendo la carrera...ese lo conservo como oro en paño y lo tengo en sitio preferente en casa..
    Por supuesto Cheminova e Ingeniero Electronico Philips. Recuerdo lo de convertir el agua en vino con el permanganato potásico y la radio-galena.
    Cajas de cerillas de todo el mundo que me traía mi padre de sus viajes (la conservo).
    De armamento, lo único que tuve fue una escopetilla de plomos Norica calibre 4,5 que me regalo mi abuelo que era gran aficionado a la caza, pero no lo consiguió conmigo.
    Respecto a la música yo era de pocos discos, pero si grababa de la entonces novedosa FM todo lo que ponia a mano; LVG y en verano desde el Puerto: emisora de la Base de Rota AFR (American Forces Radio), etc.. Aun conservo la mayoría de grabaciones. Actualmente me he comprado un cacharro para digitalizar todas esas casettes.
    Y por supuesto mi primera moto igual que la tuya: Vespino GL blanco de 1971. Costo creo recordar 9.999 pesetas (60 Euros aprox...vaya tela los precios. No me lo robaron pero mi padre me lo confisco cuando en COU estudie mas bien poco y me pegue interno todo el verano de 1974 en el Alfonso X...que coincidencias.
    Un abrazo.-



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  3. Una cajita de tela y cartón bordada en lana, la de Concha era en tonos naranja la mía en azul que nos echaron un año los Reyes Magos, ahí guardo fotos de nuestra niñez y las estampas de comunión, diez libros con su tablita-estantería que fueron mi primera librería y que tu, Celso, un día me quisiste desordenar jeje, un costurero que fue de la tata, el más ordenado del mundo, y una cosa curiosa, en uno de mis libros de la "fantástica" librería de la que hablo, me encontré un billete pequeñísimo y como papel de fumar, línea 17, ése billete que nos daba el empleado del autobús mojando el dedo en una esponjita y que no sé porqué muchos hombres llevaban en la boca durante el trayecto, en éste caso, Eduardo Dato-Plaza Nueva y al contrario..me hizo mucha gracia, yo leía camino de mi trabajo en el autobús y metí entre las páginas del libro el billetito, y ahí se quedó hasta que el año pasado, más de treinta y tantos años después me lo encontré, una tontería que me hizo mucha ilusión y ahí lo tengo....así es la vida.-

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  4. Me encantaban " los cinco" y los " siete secretos" jugaba con mis hermanos y primos a ser ellos y con una perra seter irlandesa nos íbamos al lago del campo de mis abuelos ( en Castellano de los arroyos) creyendo que éramos " los cinco". Qué buenos recuerdos m has traído Concha!
    La autora es Enid Blyton. Gracias x esos recuerdos! Un abrazo,
    B.Vea

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  5. Me encantaban " los cinco" y los " siete secretos" jugaba con mis hermanos y primos a ser ellos y con una perra seter irlandesa nos íbamos al lago del campo de mis abuelos ( en Castellano de los arroyos) creyendo que éramos " los cinco". Qué buenos recuerdos m has traído Concha!
    La autora es Enid Blyton. Gracias x esos recuerdos! Un abrazo,
    B.Vea

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  6. Me gustaría sentarme en el suelo del hueco de la puerta del ascensor, a la derecha la puerta principal, de frente la de la cocina, y en ésa soledad tan escondida tan eterna y de siempre, mirar un buen rato el tesoro de mi infancia perdida, el bullicio de una casa rebosante de vida y de humanidad, cerrando los ojos todo lo veo, los abro y vuelvo a la realidad feliz, pero ése tesoro allí escondido, ése hueco de ascensor en penumbra es una dolorosa certeza de lo que ya no vuelve..
    Gracias, a los dos por tanto..

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  7. Maravillosos recuerdos. Genial otra vez!. Pero con permiso del dueño de este blog me gustaría dar mi enhorabuena a Lourdes. Me llegas muy dentro o como quieras llamarlo cuando escribes. Hazte un blog por favor. Yo tambien cierro los ojos de vez en cuando como tú. Felicidades.
    Pd. He hecho una foto a todos mis libros de los 5 y los 7 que aún conservo pero creo que aquí no se pueden poner. Estan amarillentos y preciosos. Un abrazo. Pilar

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  8. No sé si eres mi hermana, una de mis primas o una amiga..en todo caso, muchas gracias Pilar.-

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  9. Precioso texto, Celso. Como todas tus evocaciones... TU PACIENTE SEVILLANO

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    1. Gracias amigo PACIENTE... y enhorabuena por tus artículos de cada día!.
      Cada vez mas INDEPENDIENTE, LIBRE Y SINCERO... Ejemplo de trayectoria con VALENTIA Y SERIEDAD.
      Mi referente.
      Un abrazo.

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  10. Perdona Lourdes, no te conozco. Soy una lectora más. Gracias a ti por escribir como lo haces. Un abrazo. Pilar.

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  11. Es verdad, B.Vea, la autora de los libros de aventuras es Enid Blyton, gracias por recordármelo. Lourdes, las cajitas que tu dices tenian bordados entre la lana como pequeños espejitos, las recuerdo perfectamente. También diré que siempre cogíamos dos autobuses para llegar a casa, el 17 y el 9. Curiosamente recuerdo algunas antiguas líneas de autobuses de Sevilla: el 15 iba a la Encarnación, el 18 a Eritaña, el 19 a El Hiópolis, el 10 al Tardón, el 8 a los Remedios, el 1 a la Ronda....no sé porqué los tengo en la memoria, pero así és. Los microbuses llegaron mucho después, y había uno que paraba delante de casa a las cinco y media, y decía el chófer con mucha gracia mientras daba el ticket: "¡ea, toas al corteinglé!, verá loh mario cuando vean la tarjeta!. En fin, recuerdos muy entrañables. Concha.

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  12. Y hablando de recuerdos, diré que echo de menos los antiguos cines. Las salas múltiples y pequeñas, rodeadas de tiendas de ropa, y todo dentro de un recinto cerrado llamado centro comercial, no tienen la magia de las salas grandes, con sus butacas de terciopelo rojo, sus lámparas grandiosas -como sus nombres- y los acomodadores con las linternitas y echando ambientador con olor a mi niñez. Concha.

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  13. Concha es verdad..los microbuses vinieron con la modernidad, teníamos que tocar el timbre para que parara y a mi me parecía novedosísimo.
    Todo un mundo el de la flota de autobuses y microbuses que siempre hemos tenido que utilizar para todo, vivíamos en Nervión que entonces era un barrio apartado..y tranquilo, AYYY..
    Ahora cuando de vez en vez paso por allí solo reconozco como familiar las fachadas de ladrillo visto de nuestros piso de "La Diputación", así se llamaron siempre..
    Bueno, una cosa, Concha y yo tenemos 57 años, es mucho pero no tanto, además nos conservamos guapetonass..
    Besos amigos y amigas.-

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  14. Gracias a toda esta familia. Sois geniales! Me hace mucha gracia como escribís. Yo vivía en la Encarnación por lo que mi preferido era el microbus pa los Remedios. Tengo 46, moderna jaja. Que recuerdos! Perdón por la intromisión familiar. Un abrazo. Pilar, la de antes.

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  15. Si, es verdad Lourdes, que de tanto hablar de cosas antiguas va a parecer que somos dos antiguallas, y nada más lejos de la realidad. ¡Estamos las dos que da gloria de vernos para la edad que tenemos!!!, pero yo he decidido que no me hago ninguna foto porque salgo fatal. Creo que a nuestra edad, 57, hay que vestir discretamente y maquillarse muy poco. Tener una presencia medianamente agradable y asumir la edad, nada más. Besos para todos. Concha.

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  16. Como hoy me he levantado un poco transcendente, diré un tesoro que todos tenemos y vamos a perder antes o después por ley natural, pero que mientras tengamos debemos ser conscientes del inmenso regalo que és: la vida misma. Aún en momentos de dificultades grandes, como pueden ser la falta de salud, o de recursos graves económicos, o de soledad y desamparo...etc., siempre hay algún instante del día en que las personas podemos sentir la felicidad de una voz querida, el contacto de una caricia o la visión de un amanecer o un atardecer. Siempre hay muchas cosas buenas a nuestro alrededor que están ahí pase lo que pase.
    Muchísimo más cuando se tiene salud, lo suficiente para vivir dignamente y personas a las que queremos. Entonces, no disfrutar del regalo de la vida es sencillamente inadmisible. Creo que muchísimas veces "quemamos" nuestra inteligencia (la que nos permitiría ver la vida tan grandiosa como és, a pesar de sus luces y sombras) con problemas y preocupaciones absurdos que no tienen razón ninguna de ser. Creo que "echar lastre fuera" de problemas que en realidad no lo son, es un ejercicio mental fundamental para de verdad poder disfrutar del verdadero tesoro y regalo que es vivir la vida en paz y con paz. Concha.

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