Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Y Johnny cogió su fusil.


Y de nuevo otro Johnny cogío su fusil y decidió matar. 

En realidad Johnny estaba muerto. Era un cadáver viviente desde hace mucho tiempo, pero el zombi que habitaba el cuerpo de Johnny decidió morir matando, igual que en las películas de zombis que ponen continuamente en la tele, esas películas hechas para chavales en las que unos zombis chulísimos tienen que matar a cuantos mas humanos mejor para seguir siendo unos zombis televisivos y famosos.

Además, era el momento justo porque el fin del mundo estaba al caer y aquellos zombis que cuando llegase el apocalípsis no hubieran matado a muchas personas, no puntuaban y se convertirían en polvo y se desharian como un puñado de cenizas que el viento las esparce y se difuminan.

Y la mamá de Johnny, divorciada desde unos años antes, guardaba en su casa, por supuesto legalmente, una gran colección de armas de fuego para matar a todos los hijos de la gran puta de los vampiros chupasangres que pululan por esa parte del mundo, que aunque tengan apariencia de guapísimos humanos, son hombres y mujeres dispuestos a morder en la carótida y convertir al pobre Johnny en un lobo viviente, un traicionero cánido a las órdenes del jefe de la manada, anulando su eximia voluntad de zombi.

Pero Johnny no estaba dispuesto a aceptar eso. Alejado del mundo y de los vampiros que se divierte porque son guapos y triunfan, se introdujo cada vez mas en su convicción devoto de esa gran pantalla de plasma que en tantos colores megapixelados y en sonido esterofónico le tranmitian tanta verdad y realidad a él y a su zombi interior.

Y así Johnny era feliz en su mundo completamente real, encerrado en su cuarto e introduciendose cada día mas en esos videojuegos en tres dimensiones -largo, alto y muerte- donde con armas sofisticadas de fuego irreal se van eliminando unos tras otro a humanos que se cruzan en el camino del Ganador, del Jefe que maneja los mandos de la consola donde se hace realidad el sueño de Johnny de ser alguien importante y reconocido, de atraer la atención de los demás videojugadores y matar y matar a mas hombres y mujeres para alcanzar las mas altas cotas de puntos del universo criminal de los asesinos cibernéticos.

Y Johnny va dejando que le zombi que habita dentro de él le susurre palabras al oído que solo él es capaz de escuchar y solo él es capaz de entender en el lenguaje críptico y misterioso que hablan los no muertos.

Y un día, al solitario Johny le llaman la atención en el colegio y lo castigan o lo expulsan de clase. Y eso no lo puede permitir. El es un hombre con un zombi en su interior. Es distinto. El es un elegido. Ha llegado el momento glorioso.

Y después de haber entendido perfectamente lo que se espera de él, gracias a los mensajes de los videojuegos y a las órdenes del zombi que se comunica con Johnny susurrandole órdenes tajantes dentro muy dentro de su cerebro, decide actuar.

Las armas están preparadas, su madre las conserva perfectas y engrasadas. Ella es la primera en caer, seguramente para comprobar si el gatillo estaba duro o blando al apretarlo. 

Después se encamina a su colegio, va sonriente, feliz, lleno de optimismo, con su chaleco antibalas y varios fusiles llenos de balas de verdad y con muchas ganas de jugar esta partida en este gran videojuego nuevo que se le presenta por delante, con niños que juegan en un gran patio o que están sentados en sus aulas aprendiendo a vivir.

Y entra en el colegio. ¡Empieza la partida!


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