Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Mi familia López-Pazo (2)

Hace unos días recibí una llamada de teléfono. Una preciosa voz cariñosa y familiar -aunque era la primera vez que la oía en mi vida- me explico que era mi tía Carmela Alonso Resa, nieta de mi tia-abuela Mercedes Lopez-Pazo Ganzinotto, una de las hermanas mayores de mi abuelo Pepe, e hija de Mercedes Resa Lopez-Pazo, nacida en Madrid.

Esta es la preciosa carta que me ha mandado nuestra tía Carmela Alonso Resa para que la incluya en el Cuaderno:

Las historias de Amparo y Mercedes Lopez-Pazo Ganzinotto:

Después de haber sufrido un desengaño sentimental, Amparo López-Pazo Ganzinotto se encontraba compuesta y sin novio. En estas estaba cuando apareció por Sevilla Pepe Resa Arteaga, un industrial madrileño, guapo y con buena planta, con coche y buena posición que empezó a enamorarla. Amparo no lo pensó dos veces. Se casó con él. Se trasladó a Madrid.

Pepe disfrutaba de una buena posición. Vivieron en un chalé de la Colonia Iturbe –una zona residencial que todavía existe, situada detrás del edificio de Torre España, junto al parque de la Fuente del Berro-. Tuvieron cuatro hijos, Amparo, Pepe, María y Agustín. También vivió con ellos la tía Amelia Resa (hermana de Pepe), soltera, a la que llamaban “la madrina”, una bendita, apoyo de su cuñada en un matrimonio que no la hizo feliz. La hija mayor murió de niña. Pepito, fue fusilado junto a su padre el 9 de agosto de 1936. Mari se casó con un alemán, Alfredo Giersiepen. (Mi madre, que era muy familiar, mantuvo contacto con su prima Mari durante bastantes años. Hace tiempo que no sé nada de ella). Agustín, el menor, vivió con nosotros cuando yo era pequeña. Era divertido, cariñoso y a él le debo mis primeros pasos. Creo que se le dobló la cintura enseñándome a andar por el pasillo. Se casó con una mujer bellísima, dulce y encantadora que le hizo muy feliz. No tuvieron hijos. Vivieron en Rota, en Palma de Mallorca y, finalmente se trasladaron a California donde Agustín montó una cadena de restaurantes. Venían a España con cierta frecuencia. En esas ocasiones nos reuníamos a cenar en casa de mis padres. Agustín murió joven, de un infarto. Ella lo hizo muy poco tiempo después.

Amparo López-Pazo Ganzinotto murió en el año 1934.

Mercedes López-Pazo Ganzinotto, mi abuela, nació en 1898 en la Plaza de San Ildefonso, en Sevilla. Tuvo una hermana gemela que murió a los pocos meses. Su infancia en Sevilla fue fácil y  siempre me contaba anecdotas de sus años de estudios en un colegio francés (¡qué risa cuando la oía decir mouchoir o ferme la porte con su acento andaluz!). Los primeros siete años de mi vida los pasé junto a ella. La adoraba. Era divertida, ingeniosa y siempre dispuesta a jugar conmigo a los disfraces.

Su infancia y juventud estuvieron salpicadas de episodios felices, algunas dificultades económicas y pretendientes. De todo ello me hablaba intercalando divertidas anécdotas: que si yo bailé delante del Rey Alfonso XIII, que si paseos en calesa, que si bailes de sociedad con guantes finos de cabritilla y abanicos de nácar… 

Todo esto se tambaleó cuando murió su padre (creo que entonces ella tenía 14 años), que, como decía guiñando un ojo, “se llevó la llave de la despensa”. Pero solo se tambaleó porque sus hermanos y, sobre todo Agustín que era el mayor, recuperaron muy pronto la estabilidad familiar.

Y en cuanto a los pretendientes… ninguno era de su agrado. Los años pasaban y Mercedes no se casaba. La boda de su hermana Amparo y su traslado a Madrid, así como la enfermedad y muerte de su hermana Pilar, la destinaban irremisiblemente -según las costumbres de la época- a cuidar a su madre hasta su muerte. 

Pero la sumisión y el acatamiento no formaban parte del carácter decidido y la fortaleza de Mercedes. Así que ni corta ni perezosa se vino de viaje a Madrid a visitar a su hermana Amparo y mira tú por dónde que aquí conoce al hermano de su cuñado: Francisco Resa Arteaga, un hombre guapo, atento, divertido, con mucho sentido del humor y muy vivido –cómo eran los Resa ¿no?- que trabajaba en una compañía de teatro como regidor de escena. En aquel momento se encontraba en Madrid en un descanso de la compañía que acababa de regresar de una gira por Argentina. 

Mercedes y Paco se enamoran y se casan -con el consiguiente enfado de la familia de Sevilla ante la rebeldía de la hermana-. Además no ven con buenos ojos que un miembro de la familia emparente con un “cómico” (cosas de la época…) Contra viento y marea, Mercedes se une a Paco un 12 de septiembre de 1923 en la madrileña iglesia de San Marcos. Su primera casa estuvo en la calle Ponzano. Después se mudaron a la Plaza de San Miguel (al lado del mercado de San Miguel, en la calle Mayor), donde nacieron sus tres hijos, Mercedes (mi madre), Pilar y Paco. También vivieron en Dr. Fourquet y por último en el núm. 8 de la calle Encomienda. 

Entre las paredes de la calle Encomienda Mercedes vivió la más dolorosa experiencia de su vida. Pero eso pertenece a otra parte de su historia: Paco murió fusilado junto con su hermano y su sobrino.

También esa casa guarda ecos de risas infantiles, ilusiones, vida renovada… Allí vivieron mis padres los primeros años de su matrimonio y allí nací yo. La escasez de la posguerra supuso la mejor experiencia de mi infancia. Gracias a ella compartí mis primeros años además de con mi abuela y mis padres, con mi tío Paco, hermano de mi madre y mi padrino, y con el tío Agustín, al que antes he mencionado, Supongo que para los adultos no sería la mejor situación, pero mis recuerdos son muy buenos. Estaba rodeada de gente, de cariño, atenciones, diversión y contaba con la permanente presencia de mi abuela que escondía mis travesuras y jugaba conmigo constantemente. El mundo se abría ante mis ojos desde el balcón de la habitación de mis padres.

Me gustan las coplas y me gusta cantarlas, aunque lo hago fatal. Mi madre me ha contado muchas veces que mi abuela se pasaba los horas muertas sentada con sus tres hijos alrededor de la camilla cantándoles coplas. Las mismas que después yo aprendí.

Con el paso del tiempo la situación económica de la familia se estabilizó. Mis padres tenían su casa, mi tía Pilar y su marido Rafael, también. Mi abuela se quedó a vivir en la calle Encomienda con Paco, su hijo pequeño, casado con una valiosísima y guapísima mujer, mi tía Mª Luisa. Una santa que soportaba el zafarrancho que montábamos todos los primos cuando íbamos a ver a la abuela. Nos dejaba hacer de todo.

Pilar y Rafael tuvieron cuatro hijos, Pilar, Rafael, Mª del Mar e Ignacio. Mis queridos primos con los que he compartido una niñez estupenda. Nos veíamos todos los fines de semana. Memorables las tardes de los domingos jugando sin parar hasta que su padre y el mío regresaban de ver ganar al Real Madrid.

Paco y Mª Luisa tuvieron a Francisco Javier, Silvia, Miriam y Lidia. Con ellos no compartí juegos porque eran más pequeños, pero sí fiestas familiares.

Y por último mis padres. Mercedes Resa López-Pazo se casó con Antonio Alonso. Ella 22 años y el 35. Fueron muy felices y nos hicieron felices también a sus hijos: mi hermano Antonio y yo. 

Si por parte de nuestra madre aprendimos a amar Sevilla, mi padre nos dejó el gusto por Madrid, una ciudad que descubrí, recorrí y disfruté junto a él. Si a mi madre le debo la pasión por la copla, a mi padre mi devoción por el flamenco y el tango.


Los tíos de Sevilla

A mi madre le gustaba ver a sus tíos de Sevilla que con cierta frecuencia venían a Madrid a ver a su hermana Mercedes. Del que más me acuerdo es de Rafael. A Pepe, como era el más pequeño, le vi menos veces y, sobre todo con menos años. Pero Rafael, Carmela y Rita forman parte de mi niñez y de mi vida adulta. Recuerdo ratos divertidos con los tres, cuando venían a visitar a mi abuela Mercedes a Madrid. Siempre se alojaban en el Hotel París, que estaba en el arranque de la calle de Alcalá. Como Rafael era muy bético nunca faltaba alguna chirigota referida al fútbol con mi padre que era madridista cien por cien. Rafael que era diabético se inyectaba insulina justo antes de comer. A la niña que yo era entonces le parecía un milagro que estuviera siempre tan alegre pinchándose todos los días. Debido a su enfermedad estuvo ingresado en el antiguo Hospital Francisco Franco, hoy Gregorio Marañón, de Madrid, ahí fui a verle varias veces. Llegó a conocer a mi marido. Murió en 1973, un año después de mi boda.

La tía Rita era muy presumida y me aconsejaba de ungüentos y potingues… Las dos hermanas, Carmela y Rita, eran muy supersticiosas. En el verano de 1973, después de morir el tío Rafael, estando yo embarazada de mi primera hija, se vinieron a pasar unos días a una casa que tenían mis padres en Las Navas del Marqués, un pueblecito de Ávila. Allí había un niño con problemas de malformación que pasaba delante de casa con relativa frecuencia. Pues las dos me prohibían mirarle. Me dieron unas estampas del Niño Jesús para que me fijara en él. Pensaban que si veía un niño guapo, el mío también lo sería. La verdad es que tuve una niña preciosa. Recuerdo aquellos días plácidos y agradables. Charlas, tisanas y reuniones familiares. Mi afición por las infusiones (tisanas que decía la tía Rita) viene de esa época. Todos los días después de comer, Rita y yo preparábamos poleos y manzanillas. Eran verdaderamente adictas, como yo lo soy ahora.

A la tía Carmela la vi por última vez en diciembre de 1991. Fue en una visita a Sevilla con motivo de los preparativos de la Expo. Ya estaba enferma. Creo que no me reconoció.

En fin, este es mi pequeño granito de arena a la historia de los López-Pazo Ganzinotto. Una gran familia con personas entrañables que he podido vislumbrar a través de este blog que el azar ha puesto en mi camino.

Muchas gracias Celso por tu cercanía y generosidad y también mi cariño y agradecimiento al resto de la familia. Una gran familia que ha estado siempre conmigo.

Carmela Alonso Resa



4 comentarios:

  1. Un abrazo en el tiempo para Mercedes y Amparo Lopez-Pazo Ganzinotto y para todos sus descendientes.-

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    1. Gracias Lourdes, seguro que les llega allá donde estén. Con respecto al resto, recibimos tu abrazo encantados.
      Por cierto, Celso dice que soy tía vuestra, pero si no me equivoco, nuestro parentesco es de primos segundos porque vuestra madre y la mía eran primas hermanas.

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  2. Pues tienes toda la razón querida prima... aclarado queda.
    Un beso.

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  3. Un beso a todas y todos la familia.-

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