Casos Clínicos

Mi foto
Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Juanito Familia.

He finalizado el 2013 y empezado el 2014 de una manera muy especial. Ayer en el Tanatorio casi todo el día y esta mañana en el Cementerio de Sevilla incinerando a un gran amigo, a un hermano del alma mía que era -y será siempre- Juan Vela Rios, "Juanito Familia" para todos sus amigos. Un cáncer agresivo y rebelde se lo ha llevado en poco más de un año. Tenía 60 primaveras, un verano y un otoño.

Conocí a Juanito hará unos 25 años, cuando todavía era representante artístico de Jose Manuel Soto. Unos años antes el Soto lo había conocido en El Rocio cuando Juanito apareció por su orgánica dando el camelo de vendedor de flores y lotería caducada y desde entonces no se separaron más. De hecho son compadres pues el Soto es el padrino de Bautismo de su hijo Carlitos. 

Juan nació en la calle Miño del barrio antiguo de Los Remedios. Hijo de Militar, se le notaba en que estaba muy bien educado y era muy responsable y cumplidor. Alguna vez me contó que en su juventud le gustaba brujulear por Triana y empaparse de la conversación de los viejos, era muy observador y aprendía de todos.

Con dieciséis años conoció a Inmaculada (Macu) que entonces tenía catorce. Para los dos fue el primer y único noviazgo, el primer y único amor. Se casaron en 1978 y se fueron a vivir al centro de Sevilla, a la antiquísima y preciosa Posada del Lucero -que era de la familia de Macu- una edificación antigua y majestuosa del siglo XVI que conservaba en su interior el aire de la Sevilla de las diligencias tiradas por caballos. Allí vivieron muy felices y nacieron sus tres hijos Belén, Juan Luis y Carlos. El apodo de "El familia" da una idea de como era Juan para con los suyos...

Hombre hecho a sí mismo desde muy joven, cuando acabó el Bachillerato empezó trabajando varios años de recepcionista del entonces Hotel Portaceli casi siempre con el turno de noche lo que le sirvió de "universidad laboral", ya que desde entonces destacó por su gran facilidad para conocer a la primera el carácter de las personas, sus anhelos y sus debilidades. Cuando algún cliente necesitaba algo, Juan era la persona indicada para resolverlo con eficacia y discreción. Me contaba que con las propinas ganaba más que con el sueldo...

Dejó el Hotel y la vida nocturna para -de la mano de Jose Manuel Soto- entrar en la oficina de representación artística de Gonzalo Garcia Pelayo. Se ocupaba de todo con autoridad y diligencia, y se convirtió en el hombre de confianza y mano derecha del Soto. Sabía más que el más sabio y lo  mismo organizaba una gira por sudamerica y firmaba contratos que tenía que ir a cobrar alguna gala atrasada a algún "desmemoriado"... Hombre justo y cabal, no creo que haya conocido a una persona más legal y honrada que Juan Vela.

Cuando lo conocí me impactó su personalidad al instante: una gracia trianera autentica y llena de sevillanía antigua con unos dichos y refranes como para escribir un libro, que soltaba en sus conversaciones con una gracia y una simpatía especial. Juan no era de dobleces y decía lo que pensaba y a quien fuera, pero lo hacía de una manera tan graciosa e inteligente, que te partías de risa por lo bajini viendo las caras de los "afectados"por sus comentarios. 

Era un gran rociero, desde hace veintitantos años siempre fuimos juntos con Triana, peregrinos a la vera de Carreta. Mis mejores Caminos y Rocios los he pasado con mi Juanito. De verdad que no cabrían en un libro las anécdotas de este hombre tan autentico y genial. Contaba tres o cuatro chistes, siempre los mismos, que eran algo más que chistes. Eran como cuentos representados con voces y gestos de verdadero artista y además tenían un final surrealista. Siempre contaba los mismo: El de los frailes y los cíngulos, el del viajante y la abuela sorda, el del marido infiel que va a confesarse... los contaba una y otra vez -siempre a petición nuestra- y los terminaba con una tumultuosa carcajada de risa contagiosa que era como una cascada de agua fresca, de vida bien vivida, de buen humor, de amistad y de cariño. Cuando se reía le gustaba abrazarse al amigo que estuviera a su vera. Un abrazo de Juanito era como si alguien te abrigara con una capa invisible de calor humano que duraba mucho tiempo. Era tela de bueno.

Cansado de viajar y de la farándula se buscó empleo cómodo y en los últimos años fue Conserje y Jefe de Personal primero del Museo Arqueológico y después del Museo de Bellas Artes, donde pensaba jubilarse ya mismo para disfrutar de una tranquila y larga vejez dando sus obligados paseos matutinos a pie o en bicicleta, tomando sus cervecitas en El Rinconcillo, en La Mina, en Los Claveles y en otras tabernas del centro donde todos lo conocían y querían, pero sobre todo disfrutando de sus hijos y de su nieta Lucía junto a su Macu de su alma, la mujer de su vida...

Descansa en paz Juan. Espero de verdad que haya un cielo lleno de tabernas sevillanas con Cruzcampo helada para ti y de paquetes de tabaco celestial para que disfrutes todo lo que te mereces, amigo.

Ya te echamos mucho de menos Juanito, sobre todo tu familia. Has dejado en los que hemos tenido la suerte de conocerte un recuerdo especial porque has sabido ganarte como nadie el cariño de la gente.

Ni yo ni ninguno de tus amigos te vamos a olvidar nunca.

Te quiero Juan.



De derecha a izquierda: Jose Manuel Soto, Federico Aguilar, Javier Bustamante, El Chuly, Juan de Dios Pareja-Obregón; Juan Vela; Javier Gonzalo; Carlos Vela (hijo de Juanito) y yo. Parada de Triana en Palacio, año 2013.

2 comentarios:

  1. Como siempre hablando de los AMIGOS lo bordas. Gracias Celso. Gracita

    ResponderEliminar
  2. Gracias Graciela... ¡que te quería Juanito!

    ResponderEliminar

Para hace comentarios libremente has de tener una cuenta de Google: loquesea@gmail.com
Solo se tarda un minuto, si acaso.
GRACIAS COLEGAS.