Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Otoño médico.

Y cuando llega el otoño a la ciudad también llega a mi consulta. Tengo pacientes otoñales a los que cuidar en esta época del año con especial atención.

Parece que los días se acortan en las vidas de los mayores de manera diferente. Me refiero a que el otoño afecta a todas aquellas personas que nos fijamos en las luces y en las sombras de cada día. En los amaneceres y en los ocasos. En la calidez del sol a media mañana o en la frialdad del viento a media tarde. Por eso el tiempo que pasa por nosotros y nos hace cada vez mas viejos va desajustando los termostatos corporales, los va oxidando quizá y va fundiendo sus cables y ya no somos capaces ni capataces de reajustar las calores y los frescos para sentirnos cómodos. 

Igual pasa con las emociones básicas a ciertas edades. Un día soleado se vive diferente que un día gris y lluvioso. Ni mejor ni peor para nosotros los de mediana edad -presunción por mi parte- pero las personas mayores sí notan bastante esas diferencias tanto de termómetro como de aspecto, de luz, de brillo, de tonalidades...  que pueden afectar al estado de ánimo de una persona que se enfrenta a los últimos y amenazantes otoños de su existencia. Por eso es muy importante atender bien a nuestros mayores en estos cambios de estación. Nos necesitan más que nunca.

Se acortan las horas de sol y se vive mas en la penumbra de las luces eléctricas. Luz artificial. El hipotálamo se equivoca y manda señales de sueño a deshoras. Se adormecen los abuelos por las tardes y se despiertan equivocados por la madrugada. Y eso produce malos hábitos de sueño que los médicos intentamos equivocadamente solucionar con pastillas absurdas para reconciliar el sueño con una hora determinada. Cuando vamos siendo más mayores dormimos de forma diferente, dependiendo de muchos factores, patologías previas y medicamentos obligados. Nunca abusar de medicinas para dormir a los ancianos. 

Hay que dejarlos vivir a su aire.

Por eso me gusta tanto hablar con las personas mayores y que me cuenten sus inquietudes y desazones. Me gusta escuchar y a ellos les encanta ser escuchados. Me relajo y dejo de teclear para comprender que es lo que me quieren decir, lo que les preocupa y lo que vienen buscando al venir a mi consulta. Muchas veces sus familiares y acompañantes toman la voz cantante como si ellos -los abuelos- fueran mudos o tontos. Yo me dirijo siempre a los pacientes personalmente y les animo a explicarse tranquilamente. Siempre me salgo con la mía. 

Me cuentan tan tranquilamente sus temores. Temen ser una molestia para los demás. Temen ser una carga económica. Temen hacerse mas viejos y dar la lata. Temen tener dolores y quejarse. Temen quedarse solos. Temen a las noches largas y frías. No creo que teman excesivamente a la muerte.

Este estrés del anciano -sano o con patologías orgánicas- se puede convertir en ansiedad y en depresión si no es convenientemente escuchado y racionalizado. Escuchar y hablar con los "abuelos" es la mejor medicina que podemos administrarles. Y muy barata.

Soy partidario de usar las menos medicinas y pastillas posibles. No solo con los mayores, sino siempre. Pero con los mayores lo cumplo a rajatabla. Tiendo a restarles medicinas en vez de a sumar y casi siempre agradecen el reajuste de píldoras. Y si las quitamos todas mejor que mejor. 

Hoy día gran parte de las patologías del paciente anciano precisan escasos fármacos y cada vez estoy más convencido que la medicina natural es la apropiada para estas personas provectas. 

Intentar domeñar a la Naturaleza no tiene sentido alguno.

Pan y vino, marcelino...

1 comentario:

  1. Es cierto, cada día observo un aumento de polimedicación en pacientes (sobre todo personas mayores), con las consecuencias iatrogénicas que a veces esto implica. Pienso que la causa entre otras puede estar en una pésima coordinación entre atención primaria y especialidades.........ademas de estar olvidando aquella máxima de "primum non nocere" que nos enseñaron en nuestros primeros años de disciplina Galenica.
    En fin..... el tema daría para charlar un buen rato.-
    Un abrazo.-

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