Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Caca y Pipí...


Al parecer cuentan los forasteros turistas que vienen de visita a nuestra bendita Sevilla capital que se lo pasan divinamente visitando sus monumentos, alimentándose con las tapas y disfrutando con el ambiente de la calle y de los barrios, pero entre las cosas que echan de menos es que no haya retretes públicos en las zonas turísticas. Yo estoy completamente de acuerdo.

Los oriundos capitalinos no tenemos ese problema pues si nos apremia una meada inoportuna o nos ataca un rebelde y traicionero apretón sabemos defendernos en el primer establecimiento privado que nos coja a mano, ya sea el bar de toda la vida o cualquier otro restaurante que se cruce en nuestro rumbo sin desdeñar hoteles, tiendas modernas o incluso oficinas bancarias afines a nuestro pecunio (¿verdad Cesar?).

Pero claro, el turista no tiene estas costumbres nuestras y es mas dado a los urinarios y retretes públicos que a cambio de una moneda puede acceder a un espacio privado y automatizado dotado de taza inodora, higiénico papel y lavabo con su jabón y toallita efímera. Una delicia para los turista jartos de paella y de sangría.

La verdad es que no tengo ni la más remota idea de si existen en Sevilla este tipo de retretes públicos… lo voy a mirar en el internet. Un momento…. ¡Vaya tela, parece que no están en uso desde 2013 mas o menos…!

Pobres guiris, me los imagino por el parque de las palomas, por el barrio Santacruz o por el entrono de la Catedral meandose vivos y con la carga atrás, sin saber donde meterse… ¡Con lo fácil que sería para nuestros honrados gobernantes dotar a esta ciudad que quiere ser cosmopolita de unos modernos urinarios de última generación como existen en las más distinguidas ciudades europeas!

Porque además les cuento lo que me pasó no hace mucho, sirva de ejemplo de lo que quiero decir.

Andaba yo de paseo matutino un sábado por la mañana, mi chándal y mis babuchas deportivas, con marcha atlética y aeróbica cuando de repente me ataca un retortijón que anuncia inminente tormenta por la retambufa. Barrio de Heliopolis, bar con veladores al sol y parroquianos desayunando a media mañana, el interior del bar desierto. Me dirijo al camarero – sudamericano de aspecto y de acento más todavía como de recién llegado-  muy educadamente: por favor, el cuarto de baño? Y me responde el gachó sin mutarse: ¡Solo para aguas menores, para las mayores se va usted a su casa…! Así, sin anestesia.

Me quedo cortado y me voy al trote unos metros más allá a una moderna cafetería de toda la vida donde resuelvo el entuerto de mis tripas sin daños colaterales. Vuelvo al bar del de las “aguas mayores”, el sudamericano repeinado atiende a un par de clientes y me quedo mirándolo fijamente mientras prepara algo detrás de la barra. Me mira. “Espero que nunca te digan en España que cuando tengas ganas de cagar te vayas a tu casa, amigo…”


Y no dijo ni pio.

4 comentarios:

  1. Pues fíjese usted D. Celso que ese problemilla de los apretones en plena calle no lo tenían los Romanos al contar en sus ciudades de unas letrinas públicas dignas de la Cia. Roca. Alli el personal en buena compañía hacían sus necesidades "mayores" y Menores" sin más.
    Véase la siguiente foto:
    http://historiasdelahistoria.com/wordpress-2.3.1-ES-0.1-FULL/wp-content/uploads/2013/08/letrinae.jpg

    Sobre la marcha me imagino la siguiente situación:
    Un día cualquiera en una Vía Romana cualquiera por la que va Don Octavio. De repente le da un apretón e inmediatamente se dirige a la letrina pública. Cuando llega se la encuentra atestada pues son la 9 de la mañana y el personal acaba de tomar cafelito, el zumo de naranja y ha echado un cigarrito. D. Octavio se desespera y piensa: “fijo que me jiño en to la toga", pero en una esquina alguien lo reclama y le dice....."Don Octavio que yo ya he terminado".....!uf¡ que descanso y allá que va Don Octavio y se sienta en la piedra todavía caliente y zas.....larga fiesta. El compadre de al lado lo mira y le dice !vaya tela¡ Don Octavio, me parece que va a tener que ir al galeno a que lo mire porque eso no es normal. Buenos dias Don Cayo, no, es que ayer estuve en una presentación en Italica y después comimos en el Ventorillo Canario y no vea usted la jarta de papas con mojo picón que me pegue. Pues tenga cuidado Don Octavio que to lo que pica por arriba....después pica por abajo. Bueno Don Cayo y usted que?, que lo veo mu colorao y mas apretao que los tornillos de un submarino. Pues ya ve usted, es que estoy tela de atascao.....y eso?.....pues que ayer estuve en la villa de campo y me puse puo de higos chumbos y ahora mismo no se si va a ser niño o niña.
    Y así continúan las conversaciones de los parroquianos allí sentados, en un ambiente cordial y relajado solo roto de cuando en cuando por una estrepitosa ventosidad y sin ningún repeinado camarero que les de por saco.
    Un fuerte abrazo compañero y perdona por la extensión.

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