Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Humanidades

Un estudio muy reciente de tres investigadores del Instituto Weizmann de Ciencias en Israel aclara ciertas dudas que yo tenía con respecto al cuerpo humano.

Desde hace ya muchos años cuando era estudiante de Medicina -y me pasaba las tardes de meritorio ayudando en los quirófanos- me di cuenta que por dentro todos los humanos somos exactamente iguales y la sangre tiene el mismísimo color colorado mas o menos rutilante dependiendo del oxígeno que contenga sin entender de clases sociales ni de otras zarandajas, y que en el exterior solo nos diferencia la carrocería genética sexual y algunos extras de chapa y pintura femeninos (gracias a Dios…).

Después de leer las primeras conclusiones del estudio me reafirmo mucho más en lo ridículo que resulta que unos humanos se hayan llegado a creer –o se crean- diferentes o mejores que otros solo por su aspecto físico, llamémosle raza, etnia, casta, origen, alcurnia, nacionalidad, partido político o cualquiera otra palabra diferenciadora. Un mojón bien grande para ellos, como ahora veremos…

Resulta que estos investigadores han contado y  recontado con maquinas esferolíticas y espectrales todas las células del cuerpo humano calculando y diferenciado entre sí el número de células de nuestro cuerpo mondo y lirondo llegando a unas curiosas conclusiones que resumo.

Hablamos de una persona de 70 kilos chispa mas o menos. Las células en seco del cuerpo humano pesan 50 kilos: son 30 billones -con b- de células que forman los diferentes tejidos y órganos, los huesos los músculos, los cartílagos, la sangre, los pulmones, el corazón, el cerebro, el sistema nervioso, el aparato digestivo, la piel, la grasa, etcétera. Pero entre una célula y otra hay una mijita de agua, la suficiente para pesar 18,5 kilos (litros) correspondiente al agua extracelular. Esto es incontrovertible para todos los humanos. Todos igualitos.

Haciendo las cuentas comprobaron que faltaban 1,5 kilos para completar los 70.  ¿Y saben ustedes donde están estos kilos que faltan? Dentro de las tripas. ¿Y que hay dentro de las tripas? Si, eso: bacterias. Concretamente 39 billones –con b- de bacterias, que son muy pero que muy chiquetitas y prácticamente la mayoría de ellas están ubicadas en el intestino grueso, en el colon. ¿Y que hacen estas bacterias en el colon? Caca.

Si, las bacterias que conviven con nosotros formando lo que llamamos la “microbiota” hacen posible –entre otras muchas funciones imprescindibles para mantener el organismo vivito y coleando- la caca. De hecho el 30% del peso del mojón son bacterias vivas y muertas procedentes del intestino. Y la caca humana es exactamente igual aquí y en la china, en el hemisferio sur que en el norte, en oriente y en occidente, en la jungla o en la sabana, en el retrete de plata de un hotel en Dubai o detrás de una pita con su lagarto y su mosca verde… Caga igual un blanco que un negro, una modelo estilizada de pasarela milanesa que una concejala de CUP sin depilarse el sobaco, un ministro ratero que un parado honrado y cabreado. Unos cagan más y otros menos, unos antes y otros después, unos blando y otros duro, más claro o más oscuro…

Ahora, muchos años después de ver las tripas abiertas por primera vez, me doy cuenta que hay algo que también nos iguala por afuera. La mierda. 

Todos somos iguales ante el retortijón traicionero. Las heces nos iguala a todos a los humanos en su composición y en sus características organolépticas. A todos nos huele la caquita por mucho chanel o varon dandy que nos pongamos.

Todos iguales ante la evidencia inequívoca del mojón.


¡Mierda!     

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