Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Lourdes destinada.

Mi hermana Lourdes escribe:

YO ESTABA DESTINADA A LLAMARME LOURDES.

Si, y soy la primera mujer que se llama con este nombre tan bonito en mi familia. Poniéndome a leer y preguntando a mi madre, me dice que no se recuerda una Lourdes en muchas generaciones. Pilar, Carmen, Concha, Delia, Rocío, y algunos más son los nombres que se dan en la familia, los más habituales. Lourdes dos, mi hija y yo.

Pero la historia es esta.

Tal día como hoy un once de Febrero del año 1955 una jovencísima madre mía se encontraba en la última fase de un embarazo de gemelas, en casa sabían que venían dos seres porque Don Manuel Recassens con su experiencia y saber notó que habría parto múltiple y recomendó radiografía lo que corroboró el asunto. Por supuesto nadie sabía si serían niñas o niños aunque Don Manuel sí se atrevió a aventurar que no eran mellizos, a el le parecían gemelos y por lo tanto del mismo sexo. Se barajarían nombres de varón, cosa que nunca he llegado a preguntar. Lo que si me cuenta mi madre que el día de la Virgen de Lourdes ya se notaba contracciones muy espaciadas, que estaba asustada, que llegaron mis abuelos maternos de Huelva y que mi abuela Delia en un momento de ansiedad se postró de rodillas ante una Virgencita de Lourdes muy antigua que yo tengo en mi poder y le prometió que si nacían niñas una de ellas se llamaría Lourdes. Por lo visto mi padre que estaría más aterrorizado que centrado, dijo que la otra se tenía que llamar Concha como su tía y tutora, pero que todo esto era para nada porque iban a nacer varones, eso era segurísimo.

Hola, soy Lourdes. El 14 de Febrero en la tarde-noche y después de tres largos días de parto nacimos mi hermana Concha y yo, seguramente haría frío, ya era de noche y mi madre cuenta que ella no dejaba de ver las copas de los árboles de los Jardines de Murillo, en ese paraíso nacimos mi gemela y yo. El parto fue muy duro pero llegamos a este mundo sanas (no me he puesto mala en mi vida) y con poquísimo pelo, vamos, pelonas totales, de piel morena y ojos muy abiertos. Lo único que enturbió el feliz nacimiento, fue que a mi hermana Concha se le desencajó el fémur en las maniobras del parto que fue natural, entonces las cesáreas eran escasas, y todos se asustaron muchísimo. No era para menos, por lo visto Concha tan pequeñita solo movía una pierna, la otra la tenía paradita, inmovil total, en esos momentos se piensa de todo.

Gracias a Dios y después de nervios y llantos lógicos, vieron los médicos que la cosa era totalmente curable, -aunque tener a una niña de dos kilos y medio casi un mes con la piernecita vendada y colgada sería bastante duro para toda la familia- el pronóstico de los médicos era muy bueno, decían que solo tenía que volver el hueso a su sitio, que era una dislocación debido al parto y que en los niños eso se corregía muy bien, como así fue, mi hermana anduvo a los diez meses y es una modelo de guapa y de andar derecha por la vida en todos los sentidos.

Pero en el fragor del susto enorme de entonces, mi abuela Delia volvió a acudir a la Virgencita de Lourdes y le hizo otra promesa. Si la niña se curaba de la piernecita, ella iría con nosotras dos a Francia a ver a la Virgen de Lourdes. Nunca se cumplió la promesa porque las personas nos apaciguamos y los viajes antes eran verdaderas odiseas, y ahí quedó la cosa.

Cincuenta y muchos años después, mi hija Lourdes se casó y por cuestiones de trabajo de su marido que es sevillano y macareno, se fueron a vivir a Toulouse. Al poco tiempo quedó embarazada y nació mi nieto Juan en esa ciudad tan francesa y tan rosa en los atardeceres, un 16 de Noviembre de 2013. Nació tan rápido que me bajé del avión cuando el niño tenía siete horas y desde entonces junto con mi hija y mi hijo, Juan es lo más grande que me ha pasado en la vida.

Es un niño muy sano y me tiene loca, aunque con mi ansiedad y con un poco de susto que pasé, una mañana me escapé del hospital que está en pleno centro de la Toulousa, al lado de la catedral y me fui a pasear. La puerta de la catedral estaba abierta, el frío tremendo y yo con el corazón encogido vi un altar precioso pero enorme, helado, mi ansiedad por ser la primera vez que viajaba y estar con mi hija y mi nieto tan lejos de mi tierra eran grandes, más que ansiedad desamparo, deambulé por esa catedral tan bellísima y tan antigua un poco sola, ya me iba, me santigüé cuando a lo lejos veo una capillita con flores, inaudito, con flores allí, fui y me asomé. Era la gruta de una Virgen de Lourdes con las manos abiertas y su Bernardette arrodillada al lado. Que alivio Dios mío, que luz y que rosas blancas y rojas más bonitas, tres o cuatro personas rezaban a mi lado, las únicas que vi desde que entré en el templo.


Definitivamente, tenía que llamarme Lourdes.-

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