Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

¡Vamos a la playa!

En contra de lo que ustedes puedan pensar yo creo que un día de playa ha de tomarse muy en serio “sanitariamente” hablando pues puede ser motivo de riesgos variados para nuestra salud.

Me refiero a ese día de playa que todo hemos “padecido” en alguna ocasión que incluye unas siete u ocho horas de estancia sobre la arena de la playa, pertrechados con sombrilla, sillas plegables, neveras llenas de birras y de tinto de verano, refrescos, picadillos, tortillas, bocadillos, sandia y yogures de colorines para los niños, galletas, chocolate y helados para merendar o cualquier chuchería ustedes puedan imaginar.

Y sabemos los médicos que de estos días tan especiales suelen derivarse con frecuencia consultas médicas, a veces a Urgencias esa misma noche…

Los principales afectados suelen ser los niños o las personas mayores. Y los “enemigos” de los que tenemos que defendernos son: el sol, el alcohol, las indigestiones y las imprudencias dentro del agua.

El sol es una bomba de relojería sobre nuestra epidermis. Las primeras exposiciones del año –que se dan en estas fechas- de nuestra piel desnuda a los rayos solares son las más peligrosas. La piel todavía no esta preparada para recibir tanta energía calorífica y va absorbiendo radiación ultravioleta (UVA) que en pocas horas provocará cuadros graves de quemaduras solares, insolaciones y golpes de calor. Ya digo que los niños son los mas afectados porque no paran de jugar y de bañarse.

 Es muy importante proteger con cremas adecuadas con filtros anti-rayos UVA el cuerpo entero antes de exponerse al sol y después de cada baño, pero lo mejor es usar una camisa blanca de mangas largas y una gorrita sobre todo en las horas más peligrosas, entre las doce y las cinco de la tarde. Esto evita noches de llanto y calenturas por las quemaduras solares.

Los adultos, aunque a primera hora se dan (nos demos) un paseíto tonificador metiendo barriga, son más aficionados a la sombrilla y a la nevera. Sobre todo a la nevera repleta de botellines helados, fino o manzanilla, tinto de verano y tapas, muchas tapas de laterío variado, el picadillo de tomate con la tortilla de papas, el bistec empanao, quizá la barbacoa de asadas sardinas o de otras viandas a la brasa. El asunto es que cuando nos damos cuenta llevamos comiendo y bebiendo dos o tres horas sin solución de continuidad, y es en ese momento cuando alguien dice “que calor mas grande, ahora es el momento de darse un refrescón…” y es justo entonces, a las cuatro y media de la tarde y a cuarenta grados centígrados, con la barriga llena de dos o tres kilos de comida y bebida, cuando no se nos ocurre otra gracia que dar una carrerita y tirarnos de golpe y porrazo al agua que esta fresquita… Lo mas probable es que el corte de digestión sea inevitable y el susto de campeonato. Durante la digestión y sobre todo si hay alcohol por medio, donde mejor está una criaturita es tumbado y roncando, ya sea sobre una toalla de playa o en el sofalito de su casa. Ahí casi no corre peligro.

Otro grave peligro es el desconocimiento de la playa donde nos bañemos. Introducirse en el agua del mar para darse un baño ha de ser una decisión meditada. ¿Sabe usted nadar? ¿Conoce usted la zona de baño? Tenemos que hacer caso de las banderas y señales visuales, de las zonas acotadas para bañistas o para embarcaciones, no bañarse ni tirarse de cabeza en zonas de rocas, conocer las corrientes, la resaca (no del alcohol) de las olas, no alejarse de la orilla  nunca y menos en solitario. En definitiva, no hacer el tonto en bañador.

Lo mejor es ser muy prudentes y aclimatarse al agua poco a poco, sin perder pie y siempre en las zonas permitidas y con bañistas a la vista.

Bueno pues espero que ustedes hayan disfrutado sin problemas de este día de playa tan intenso, que tengan una feliz vuelta a casa sin atascos traicioneros y sin averías vehiculares, que esa es otra…

Y hasta la próxima, si Dios quiere.



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